Variaciones bíblicas y otros poemas
Salomón Verhelst Montenegro
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Declarado por la editorial el 2 septiembre 2026 a las 20:30:48 UTC
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Formatos
| Formato | ISBN | Recordreference | DOI | Año |
|---|---|---|---|---|
| E-book | 9789585547841 | SIMEHEBOOK649HI5GA2GD435453D1G | doi.org/10.21892/9789585547841 | 2020 |
Sobre esta obra
3.0. Salomón Verhelst es también poeta o, según se mire, el poeta es también filósofo.
Conociéndolo desde su primer poemario, A las puertas del Apsu, parece que maneja el poema reflexivo, al estilo de la poesía alemana, como algo propio de su personalidad y de su formación.
Esta conducta estilística tampoco es frecuente en Colombia. Son pocos: algunos poemas de Miguel Antonio Caro, Rafael Núñez, Rafael Pombo, Germán Pardo García (su soneto Apogeo), Gerardo Valencia (Un gran silencio) y, entre otros pocos más, las dos catedrales, Jorge Zalamea (El sueño de las escalinatas) y Eduardo Cote Lamus, con Estoraques.
No creo que sea poesía filosófica la que resulta apéndice o vulgarización de alguna corriente filosófica, sino la que logra situarse más allá de la filosofía corriente, o que adivina mediante la más audaz y fina intelección. Estoy tentado a decir que eso es buena parte de lo que hace Platón en sus Diálogos socráticos, o, de otro modo, Horacio en alguna de sus odas, o don Ricardo Reis, el Pessoa horaciano. Novalis y Hölderlin, mencionados, forman parte, por supuesto, de esta cofradía sacerdotal.
Además de su estirpe palimpsestuosa, el poemario de Salomón Verhelst Montenegro parece participar también de este selecto y exigente grupo, tanto en su primer libro, como en éste, el tercero.
A mi modo de ver, en este poemario se filosofa mediante el palimpsesto. La escritura poética se convierte en resonancia de las voces bíblicas del Antiguo y del Nuevo Testamento, lo mismo que de algunas figuras de la antigüedad mítica griega. Eso la hace, de modo inevitable, poesía culta, no sé si culterana, pues su lectura compromete u obliga a tener en cuenta el étimon o palim, o sea, el elemento antiguo de cuya dependencia y compañía resulta la resonancia polifónica del palimpsesto.
Lo dicho es el decir, según reza la fórmula de la semiótica actual. Y más en el decir poético. Con ello se significa que lo dicho no es lo consabido, sino lo que está expresado en su decir. Por eso, el decir poético no es comunicativo, sino expresivo; pues no está dicho de manera convencional.