La luz no se extingue
Historia del primer Externado 1886-1895
Juan Camilo Rodríguez Gómez
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Formatos
| Formato | ISBN | Recordreference | DOI | Año |
|---|---|---|---|---|
| Impreso · ed. 1 | 9789587728828 | SIMEHPRINT28H2E1JHI81D20183IJB | — | 2018 |
| E-book · ed. 1 | 9789587728828 | SIMEHEBOOKIEF6HG0D77GF657AJJFJ | — | 2007 |
Sobre esta obra
Los primeros nueve años del Externado fijaron una impronta, una tradición, unos ideales, que constituyen la luz que no se extingue, Lux non occidat, como se plasmó en el escudo de los "hijos mayores", aquellos graduados que obtenían el carácter aportado no solo por el título, sino a través del paso por sus salones de clase en los que se formaron como librepensadores, individuos autónomos, garantes del esfuerzo propio pero solidario, respetuosos de las diferencias. Nació, además, el Externado en medio de las tinieblas pero con la confianza en superarlas: Post tenebras spero lucem, voz latina que se adoptó en el escudo de sus "hijos menores", quienes ingresaban a la casa de estudios para ver la luz del conocimiento y por esa vía ayudar a disipar el oscurantismo en el que había caído el país.
La quijotada de Pinzón Warlosten es real: ¿Cómo fundar un establecimiento de educación, un "instituto libre" como se lo caracterizó, en momentos en los que todas las adversidades contrariaban ese tipo de iniciativas? ¿Por qué se la jugó por un plantel de educación en el que "los principios fundamentales, el criterio científico y las aplicaciones prácticas" constituían sus atributos?, y esto en tiempos en los que la educación en el país retornaba a la tomística, a la ley natural, a la fe derivada del dogma católico, por supuesto, en claro entronque con la política del conservatismo. ¿Por qué y cómo defender las ideas liberales en momentos en los que con violencia se las proscribía? Precisamente tal fue la opción del fundador y de los liberales radicales que se sumaron a su proyecto, profesores y estudiantes así como familias que confiaban en el Externado, desalentados por el fanatismo político que guerra tras guerra acrecentaba el estéril derramamiento de sangre. La elección del civilismo, de la laicidad, de la educación moderna, fue la alternativa planteada por estos radicales derrotados en las guerras anteriores y excluidos ahora de la participación política. En los salones de clase, y en la conciencia formada en sus educandos, se construía entonces un nuevo sendero para mantener encendida la luz ilustrada que pudiera sacar al país de la umbrosa estructura que lo constituyó a partir de 1886. No deja de ser una paradoja, en cierta forma explicable, que en la historia de la educación colombiana la mención al Externado se limite a unas pocas palabras. En la historia política, social o cultural, se le asigna menor espacio. Tal ausencia de reconocimiento se debió, de una parte, al prolongado velo conservador que nutrió tales perspectivas.