La sombra del apostador
Javier Vásconez; Sylvia Miranda; Alejandro Querejeta
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Formatos
| Formato | ISBN | Recordreference | DOI | Año |
|---|---|---|---|---|
| Impreso · ed. 7 | 9789978681572 | SIMEHPRINTJJ0BI8I67CHE2G7H4J4A | — | 2020 |
Sobre esta obra
En La sombra del apostador abundan los personajes inolvidables como Roldán, Sofia, el niño, el Coronel y el jockey Aníbal Ibarra. Novela de amores desesperantemente humanos, que se levanta en un complejo escenario de barrios desdibujados, plazas, sórdidos hoteles y cafés, callejuelas disimuladas u ocultas por una neblina recurrente y una lluvia obstinada. De entre todos emerge un hipódromo, escenario de una conspiración que se concreta en un crimen que, curiosamente, solo tiene como testigo a un niño.
En la novela Vásconez explora el comportamiento, las motivaciones profundas de un asesino. En una entrevista radial que Roldán, el asesino, escucha lo que un periodista le pregunta al narrador: «¿Dónde se encuentra la línea divisoria entre un asesino y lo que se supone que es un hombre corriente? El asesino es quien está más cerca de la muerte, como los poetas. Siempre he dicho que poetas y asesinos andan tomados de la mano».
En pocas novelas latinoamericanas de los últimos cincuenta años, el sentido evocador y excitante del olfato ha sido plasmado con tanta fuerza y dolorosa poesía como cuando Sofía cuenta su experiencia con los perfumes: «Los perfumes podían volar, como los pájaros en el patio de la escuela. Pero mientras los pájaros daban vueltas y más vueltas hasta alejarse, los perfumes, en cambio, venían del frasco directamente hacia mí». Un jardín imaginario que devela a J. Vásconez, y en el que los lectores nos vamos adentrando presintiendo, sin embargo, un desenlace que nos ubica en un estado límite. Los perfumes, en el caso de La sombra del apostador, inducen a un atroz tipo de crimen.
Alejandro Querejeta