Desde el jardín de Freud
No.17 Los usos del humor, el chiste y lo cómico en la clínica y en los lazos sociales
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Formatos
| Formato | ISBN | Recordreference | DOI | Año |
|---|---|---|---|---|
| Impreso · ed. 1 | — | SIMEHPRINTOSMPKEKBR5XR2U6CPUEN | — | 2017 |
Sobre esta obra
En "La interpretación de 105 sueños" el creador del psicoanálisis dejó consignada su molestia por 105 no pocos "chistecitos idiotas" que le valió su apellido: Freude significa "júbilo, alegría, delicia" y conforma palabras como "Freudenhaus (casa alegre, prostíbulo) y Freudenmadchen (muchacha alegre, prostituta)", tal como anotó uno de sus traductores al español. Freud se refirió a este malestar justamente en el análisis del sueño que le brindó un desquite. No fue este uno cualquiera, sino aquel de las tres parcas, en el cual él mismo se compara con un famoso humorista de su época, pues hace chistes insolentes con 105 nombres de algunos de sus más queridos maestros, muy a pesar de lo agradecido y respetuoso que fue como discípulo.
Chistes y notas de humor brotaban de Freud en sus sueños, pues le concernían directamente. Fliess, quien fuera el primer lector de "La interpretación de 105 sueños", ya se lo había hecho notar: "el soñante aparece a menudo demasiado chistoso", comentario que Freud recibía de buena gana si se refería al soñante y no al intérprete, pues en la vigilia, él apenas merecía el atributo de "chistoso", y si en sus sueños lo era, ello no se debía a su persona. ¿De quién es el chiste entonces? ¿Quién es el chistoso: el inconsciente, el soñante, el intérprete? En referencia al número anterior de la revista, puede parecer un chiste pasar del asunto de "La verdad y sus efectos" al de "Los usos del humor, el chiste y lo cómico, en la clínica y en 105 lazos sociales"; sin embargo, hay por lo menos una pendiente que nos condujo hasta acá, si acordamos con Lacan que "la verdad del sujeto no está en él mismo sino, como lo demuestra el análisis, en un objeto por naturaleza velado [y que ... ] hacer surgir este objeto, es propiamente el elemento de lo cómico puro", a lo cual agrega que se trata de sobreponerse a ello "desde el ángulo del humor". Así, si regresamos al sueño de las parcas, veremos surgir ese objeto de las manos de la parca hospedera, quien las mueve como haciendo albóndigas, lo cual conduce al Freud soñante/analizante hasta el recuerdo vívido de "las negruzcas escamas de epidermis" que se desprendían de las manos que su madre frotaba enérgicamente para demostrarle, a un horrorizado Sigmund de seis años, que estamos hechos de polvo .