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Decapitando al Dios de las palabras

Jaime Salazar Corrales

Universidad del Valle ·Colombia

Licencia de minería de texto y datos

Declarado por la editorial el 17 septiembre 2026 a las 15:38:26 UTC

Uso no permitido para minería de datos y textos

El titular de derechos se reserva expresamente sus derechos de reproducción, extracción y reutilización para fines de minería de textos y datos (TDM) y de entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, de conformidad con el Art. 4(3) de la Directiva (UE) 2019/790, el Art. 53(1)(c) del Reglamento (UE) 2024/1689 (AI Act), el Art. 13 del Acuerdo ADPIC/TRIPS de la OMC, la Decisión Andina 351 de 1993 y las leyes nacionales aplicables en los territorios de residencia del titular, de realización de la reproducción y/o comercialización del Large Language Model u otro tipo de IA resultante.

Esta reserva cubre toda reproducción digital de la obra con independencia del soporte de la copia de origen (impreso o digital) y es efectiva desde la fecha certificada de esta declaración.

En América Latina, donde no existe excepción legal para el entrenamiento de IA, esta declaración constituye evidencia pública de que el titular no ha otorgado autorización. En la Unión Europea, activa la reserva máquina-legible exigida por el Art. 4(3) CDSM y el Art. 53(1)(c) AI Act. En Estados Unidos, señaliza la existencia de un mercado de licencias TDM a efectos del factor 4 del análisis de fair use.

Cualquier uso de la obra para los fines aquí reservados requiere autorización previa y expresa del titular de derechos.

Sello de integridad

Declaración sellada
Sellado de tiempo (RFC 3161) TSA · 17 sep. 2026, 15:38:26 UTC
ISCC (ISO 24138) ISCC:AAA733WPGJDFQCXY
Titular Universidad del Valle

Sobre esta obra

Esta obra es el homenaje de Salazar a los instantes y a la ensoñación (el qué pasaría si) que tanto atormenta al ensimismado paseante urbano hasta arrimarlo a los abismos. Tal vez estamos ante una suerte de escritura post-Matrix. El escenario imaginado tiene por atributo esencial lo que el filme de los Wachowski destaca hasta la saciedad: la realidad del simulacro, la sólida persistencia de lo soñado, la densidad del instante, la duración de lo evanescente. Las historias de Salazar son breves, sintéticas y rápidas. Una bomba que arrasa el país del mal, el desenlace del narco entrampado, la desventura del guerrillero perdido selva adentro, el estudiante enamorado de una putita angélica, el joven atormentado por una presencia fantasmal en medio de sus viajes de droga. Escenas menores de ese mundo mayor, el de la realidad oblicua. Esta es literatura para oir y ver, más relato que cuento, más clip que trauma. Es indispensable atender el rumor de fondo de estos relatos, escuchar la voz de quien los habla y los conversa, esa risa menuda y burlona que los salpica. Quizás todo se resume en lo siguiente: nada, absolutamente nada ni el amor, ni la muerte, ni el sexo es tan serio y trascendental que amerite un duelo. Ese es el nombre del juego: ¡abajo la ruinosa eternidad de lo macizo y denso, arriba la calida y cómica levedad del instante! Y los instantes cómicos, en medio de su extrema singularidad son repetitivos, emergen una y otra vez juguetones, como demonios traviesos. Tal vez estamos ante una suerte de escritura post-Matrix. El escenario imaginado tiene por atributo esencial lo que el filme de los Wachowski destaca hasta la saciedad: la realidad del simulacro, la sólida persistencia de lo soñado, la densidad del instante, la duración de lo evanescente. Las historias de Salazar son breves, sintéticas y rápidas. Una bomba que arrasa el país del mal, el desenlace del narco entrampado, la desventura del guerrillero perdido selva adentro, el estudiante enamorado de una putita angélica, el joven atormentado por una presencia fantasmal en medio de sus viajes de droga. Escenas menores de ese mundo mayor, el de la realidad oblicua. Esta es literatura para oir y ver, más relato que cuento, más clip que trauma. Es indispensable atender el rumor de fondo de estos relatos, escuchar la voz de quien los habla y los conversa, esa risa menuda y burlona que los salpica. Quizás todo se resume en lo siguiente: nada, absolutamente nada ni el amor, ni la muerte, ni el sexo es tan serio y trascendental que amerite un duelo. Ese es el nombre del juego: ¡abajo la ruinosa eternidad de lo macizo y denso, arriba la calida y cómica levedad del instante! Y los instantes cómicos, en medio de su extrema singularidad son repetitivos, emergen una y otra vez juguetones, como demonios traviesos. Las historias de Salazar son breves, sintéticas y rápidas. Una bomba que arrasa el país del mal, el desenlace del narco entrampado, la desventura del guerrillero perdido selva adentro, el estudiante enamorado de una putita angélica, el joven atormentado por una presencia fantasmal en medio de sus viajes de droga. Escenas menores de ese mundo mayor, el de la realidad oblicua. Esta es literatura para oir y ver, más relato que cuento, más clip que trauma. Es indispensable atender el rumor de fondo de estos relatos, escuchar la voz de quien los habla y los conversa, esa risa menuda y burlona que los salpica. Quizás todo se resume en lo siguiente: nada, absolutamente nada ni el amor, ni la muerte, ni el sexo es tan serio y trascendental que amerite un duelo. Ese es el nombre del juego: ¡abajo la ruinosa eternidad de lo macizo y denso, arriba la calida y cómica levedad del instante! Y los instantes cómicos, en medio de su extrema singularidad son repetitivos, emergen una y otra vez juguetones, como demonios traviesos. Esta es literatura para oir y ver, más relato que cuento, más clip que trauma. Es indispensable atender el rumor de fondo de estos relatos, escuchar la voz de quien los habla y los conversa, esa risa menuda y burlona que los salpica. Quizás todo se resume en lo siguiente: nada, absolutamente nada ni el amor, ni la muerte, ni el sexo es tan serio y trascendental que amerite un duelo. Ese es el nombre del juego: ¡abajo la ruinosa eternidad de lo macizo y denso, arriba la calida y cómica levedad del instante! Y los instantes cómicos, en medio de su extrema singularidad son repetitivos, emergen una y otra vez juguetones, como demonios traviesos.

Editorial

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