Gachupines y rebeldes en un tiempo nuevo
México-España 1808-1836
Laura Castro Golarte
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Sobre esta obra
El proceso de la Independencia de México fue un tiempo nuevo en el que se trastocaron experiencias y expectativas. Todo estaba por hacer con un pie en el pasado y la mira en el futuro, oteando el horizonte. La sucesión de acontecimientos acumulados desde finales del siglo XVIII, como el domo creciente de un volcán, hizo erupción a partir de las crisis de 1808 y no paró por lo menos hasta 1836 cuando finalmente España reconoció a México como país independiente.
Pasado, presente y futuro se unieron en la percepción de los actores políticos y fue fácil, de abajo arriba, lograr que el movimiento prendiera, creciera, mutara y triunfara. Lo que muchos pensaban, pero callaban, se convirtió en palabras, conceptos y actos que en un periodo corto propició cambios estructurales y trascendentes. Para los insurgentes o, desde otra perspectiva, rebeldes, el estereotipo ideal fue gachupín. En esa palabra se concentraron todos los resentimientos, todos los odios, todo el coraje acumulado por 300 años, generación tras generación. El proceso fue sorprendente desde el inicio y los efectos, irreversibles.