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Portada de La práctica pedagógica como espacio de empoderamiento y reflexión docente

La práctica pedagógica como espacio de empoderamiento y reflexión docente

Edgar Alirio Insuasty; Liliana Cecilia Zambrano Castillo

Editorial Universidad Surcolombiana - USCO ·Colombia ·2026 ·Español
Impreso ISBN 9786287813205

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FormatoISBNRecordreferenceDOIAño
Impreso · ed. 1 9786287813205 SIMEHPRINT61E1HI8IE73DI43C55GD 2026

Sobre esta obra

Introducción

Como es de conocimiento general, a lo largo de las últimas décadas se han acelerado los cambios culturales, sociales, científicos y tecnológicos en el contexto de lo que hoy por hoy se conoce como la “aldea global”. Estas transformaciones en la forma de cimentar el conocimiento del hombre (en todas sus dimensiones) y sus entornos (histórico, ambiental, sociopolítico y cultural) indudablemente imponen un sinnúmero de retos para quienes tienen bajo su responsabilidad la misión de definir, implementar y evaluar las políticas educativas de los diferentes pueblos. Colombia no ha sido ajena y ha intentado no ser inferior a este desafío en la medida en que ha venido consolidando las bases de un sistema educativo que responda a las cambiantes exigencias del devenir histórico. A manera de ilustración de lo aquí estamos planteando, podemos hacer referencia inicialmente a la definición de “educación”, en la Constitución Política de 1991, como: Un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social; con ella se busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica, y a los demás bienes y valores de la cultura. La educación formará al colombiano en el respeto a los derechos humanos, a la paz y a la democracia; y en la práctica del trabajo y la recreación, para el mejoramiento cultural, científico, tecnológico y para la protección del ambiente. El Estado, la sociedad y la familia son responsables de la educación... (Artículo 67)

Posteriormente, y en concordancia con el espíritu de este precepto constitucional, se promulgó en 1994 la Ley 115 o Ley General de Educación (LGE) que, en términos generales, establece que “la educación es un proceso de formación permanente, personal, cultural y social que se fundamenta en una concepción integral de la persona humana, de su dignidad, de sus derechos y de sus deberes” (Art. 1). Es justamente como parte de esa formación integral del educando que la LGE define como una de las finalidades de la educación en Colombia: El desarrollo de la capacidad crítica, reflexiva y analítica que fortalezca el avance científico y tecnológico nacional, orientado con prioridad al mejoramiento cultural y de la calidad de la vida de la población, a la participación en la búsqueda de alternativas de solución a los problemas y al progreso social y económico del país. (Art. 5, numeral 9)

Para atender a las finalidades de la educación, la LGE contempla igualmente las finalidades de la formación de educadores, en el siguiente sentido: a) Formar un educador de la más alta calidad científica y ética; b) Desarrollar la teoría y la práctica pedagógica como parte fundamental del saber del educador; c) Fortalecer la investigación en el campo pedagógico y en el saber específico, y d) Preparar educadores a nivel de pregrado y de posgrado para los diferentes niveles y formas de prestación del servicio educativo (Ley 115 de 1994, Capítulo II, Art. 109). Con respecto a la formación de los educadores, Díaz Costa (2009), en su tesis de grado “Impacto de la Investigación Educativa en la Práctica Docente”, hace una documentada distinción entre quienes abogan por una formación centrada en la reflexión sobre el quehacer educativo y quienes dan un paso más y asumen al docente como un investigador de su propia práctica. Sostiene que no se trata de posturas diametralmente opuestas sino complementarias, en el sentido de que la formación centrada en la reflexión es una cuestión primordial y condición previa de cualquier acto de indagación. No obstante, advierte que la cuestión de la formación es un eslabón clave en el proceso de investigación porque ni la reflexión de alto nivel ni la participación en comunidades de investigación sería posible con docentes que no están preparados para ello. Es aquí donde cobran importancia todos los esfuerzos que se hagan desde la Facultad de Educación para empoderar a los futuros docentes como profesionales reflexivos y críticos, capaces de investigar sus propias prácticas pedagógicas y su incidencia en el aprendizaje de los estudiantes, así como de afrontar con ellos las diferentes problemáticas educativas y sociales de la escuela y la comunidad. La conveniencia de formar docentes con un perfil reflexivo, investigativo y transformador ha estado presente en las diferentes políticas educativas que se han promulgado en Colombia en las últimas décadas. Por citar tan solo unos ejemplos: En uno de los apartes del documento “Colombia, la Mejor Educada en el 2025” se reconoce que el epicentro del mejoramiento de la calidad de la educación sucede en la institución educativa como comunidad de aprendizaje. Por tanto, se busca fortalecer: 1. Los procesos de reflexión-acción sobre problemas y situaciones del aula y del establecimiento educativo; 2. Las dinámicas de trabajo colaborativo en los establecimientos educativos, en la medida en que los docentes en formación se convierten en un foco de transformación; 3. Y como consecuencia de las dos anteriores, la cualificación de las prácticas pedagógicas. Dentro del Plan Nacional Decenal de Educación 2016 - 2026, se fijaron diez desafíos estratégicos, dos de los cuales tienen que ver particularmente con la “construcción de una política pública para la formación de educadores” y con “el fomento de la investigación que lleve a la generación de conocimientos en todos los niveles de educación”. Es con el mejoramiento de la calidad de la educación, centrado en procesos sistemáticos de reflexión e investigación, como se podrían crear herramientas fundamentales para el desarrollo humano a través de la generación y transformación de conocimientos en ciencias humanas y sociales a las que se refiere la Misión internacional de sabios para el avance de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. Al respecto, el documento de la Misión Internacional de sabios sostiene: Referirse al desarrollo humano implica mejorar los estándares de competitividad de la población, así como garantizar una educación de calidad que se refleje en las dinámicas innovadoras. Si bien hay diferentes intensidades en la interacción entre la investigación y la industria, es fundamental el rol de la educación en esa interacción y el apoyo a las vocaciones científicas que comprenden conocimientos formales, como también habilidades blandas para esa interacción, lo cual deriva en insumos esenciales para la innovación. Al respecto se requiere un soporte científico que contribuya a la formulación de políticas, planes y programas educativos que estimulen la creatividad, el pensamiento crítico, la comunicación, el pensamiento analítico, la habilidad para coordinar actividades y para adquirir conocimiento rápidamente. (Minciencias, 2019) 

Por consiguiente, se vuelve indispensable abordar la formación docente desde una perspectiva integral y multidimensional, que promueva no solo habilidades técnicas, sino también capacidades analíticas, reflexivas y comunicativas que empoderen a los docentes como agentes de cambio en sus comunidades educativas. Como señalan Cardelli y Duhalde (2001), la realidad latinoamericana enfrenta múltiples desafíos en la formación del profesorado, con una clara fragmentación entre la formación inicial y en servicio, así como una falta de integración efectiva entre estos procesos. Este diagnóstico revela la necesidad de construir un modelo de formación que articule el desarrollo curricular de la formación docente con las transformaciones curriculares del sistema escolar en general, fomentando una reflexión crítica sobre la propia práctica pedagógica. Es en este contexto de reflexión y urgencia de cambios significativos en la formación inicial de docentes donde surge el libro La Práctica Pedagógica como Espacio de Empoderamiento y Reflexión Docente como una propuesta que busca trascender la concepción convencional de la práctica pedagógica como el mero espacio donde el docente en formación debe poner en práctica el conocimiento disciplinar, pedagógico y didáctico recibido en las aulas universitarias. Se trata, más bien, de asumirla como una oportunidad para el empoderamiento, la reflexión, la exploración, la transformación y el desarrollo profesional docente de quienes tendrán bajo su responsabilidad la activación de los cambios culturales, sociales, políticos, científicos, tecnológicos y, sobre todo, humanos que nuestras comunidades demandan y merecen. Por consiguiente, y en virtud del propósito formativo que tiene este libro, se espera que los diferentes actores de la práctica pedagógica aborden, inicialmente y de una manera críticamente reflexiva, la discusión de los principales fundamentos conceptuales alrededor de la práctica docente, su importancia y los roles de sus actores, así como de los principios de los enfoques de enseñanza reflexiva y enseñanza transformadora como respuestas al denominado paradigma de la enseñanza tradicional que aún subsiste en nuestro sistema educativo. Igualmente, se espera que, en el marco de una agenda compartida entre asesor y docente en formación, se 

 

Editorial

Editorial Universidad Surcolombiana - USCO · Colombia

Año de publicación

2026

Idioma

Español