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Portada de José Eustasio Rivera Salas

José Eustasio Rivera Salas

Autor Dramático

Juan Gabriel Cortés

Editorial Universidad Surcolombiana - USCO ·Colombia ·2026 ·Español
Impreso ISBN 9786287813182

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Impreso · ed. 1 9786287813182 SIMEHPRINTDH08CHF105HH5G7H6451 2026

Sobre esta obra

A cualquier investigador puede resultarle abrumadora la cantidad de estudios que existen sobre La Vorágine (1924) y Tierra de Promisión (1921). Para no pocos riverólogos, José Eustasio Rivera Salas es, antes que «poeta nacional», un excelso narrador, el autor de la «gran novela de Colombia», el «libro más trascendental que se ha publicado en el continente». La faceta de Rivera dramaturgo es desconocida, cuando no minimizada por los críticos; suerte similar corren el ensayista, el cuentista y el cronista de viaje. Esta edición de Juan Gil tiene el propósito de poner en consideración del lector una poco estimada versión de la obra, una cuidada de su primer copista y editor, Luis Carlos Herrera Molina, quien la reprodujo completa, por primera vez, en 1974, con motivo de los cincuenta años de la publicación de La Vorágine. Herrera, como custodio de la «obra literaria» del autor, pese a sus buenas intenciones, cometió errores y omisiones inexcusables que afectaron la recepción y la comprensión del texto inédito. Si bien el jesuita abrió el camino hacia Juan Gil, pese al gesto de rescate, no precisó mayor información sobre el original, la fuente, su procedencia o la naturaleza de su transcripción. Sin embargo, esta versión del drama pudo haberse extraviado para siempre de no haber sido por su labor. Reproducir la versión presentada en 1974 implica revisar y cotejar cinco ediciones más: cuatro posteriores y una previa, parcial, privilegiando una sobre otras y descartando el original perdido para establecer un texto ecléctico a partir de las ediciones publicadas, uno que tenga en cuenta y reflexione sobre las ideas de Rivera en lo referido a la creación de los diálogos, los personajes y sus conflictos, y las didascalias, el texto secundario, de tal manera que pueda pensarse en escena, sin reducirse a la lectura. Así esta edición tiene un valor fundamental: legitima la existencia de dicha versión y abre la puerta a nuevas interpretaciones, como repasa las decisiones del cura en aspectos estilísticos y llama la atención sobre los recursos que el autor consideró relevantes en su proceso de composición, elementos que definen su política de escritura teatral. Es importante señalar que el editor no se limita a ser un mero copista o arqueólogo, realiza un análisis profundo de su objeto de edición, interpreta el hecho literario, toma posición, compara las versiones existentes y ofrece interpretaciones que enriquecen la comprensión del texto base. En este caso, hemos optado por las ediciones de 1974 y 1986, nuestro asiento, puesto que ambas llegaron completas, sin mutilaciones al presente siglo, lo que las convierte en la mejor opción ante la ausencia del documento empleado por Herrera. Con ello, se reconstruye un texto base a partir de las fuentes disponibles, esto es, todas las ediciones publicadas, con el objetivo de ofrecer una versión lo más cercana posible a lo que el autor pudo haber concebido o querido publicar al final de su vida, una obra dramática que, aunque eclipsada durante años, hoy se presenta como una pieza clave de su legado artístico. Esta edición crítica presenta un texto ecléptico y fiable, que documenta su historia, la identificación de variantes, corrige errores, ofrece notas explicativas y proporciona un contexto para que lectores y académicos puedan acercarse de nuevo al drama.

¿Por qué se deben editar y estudiar las dos versiones de Juan Gil? ¿Cuál es la importancia de la publicada en 1974? ¿Por qué debe mantenerse esta versión accesible? Las dos merecen ser tratadas como textos diferentes y la única solución posible a este desacuerdo es editar y estudiar ambas. Al poner en circulación una versión fijada a partir de la edición de 1974, vuelve al ruedo un drama que vio la luz hace más de 50 años, fuente ineludible para investigadores y amantes de la obra literaria completa del autor. Mantener este Juan Gil al alcance del lector contemporáneo, en una edición crítica, confeccionada después de la revisión de varias fuentes impresas, le proporciona un sentido histórico y estético, una oportunidad única para una obra que todavía no ha encontrado su público ni su lector. Porque hay que decirlo: si bien podemos leerlo, el teatro es concebido para ser representado. Por ello, este proyecto es un rescate y una reafirmación del autor dramático. El aparato crítico que precede la edición y los dos ensayos sobre teatro, sin duda, invitan a desentrañar su idea de la dramaturgia como un espacio poético, simbólico y social, a valorar su potencial escénico, un aspecto clave para el público interesado en explorar el teatro moderno en estas latitudes. Esta edición, al vincular a Rivera con Ibsen y la filosofía de Nietzsche, reafirma su papel como precursor del teatro hispanoamericano contemporáneo, y nos invita a redescubrir la riqueza y la complejidad del drama. La circulación y la recepción de esta versión en el presente siglo debe comenzar por reconocer tres escollos extratextuales: el primero es la desaparición del «manuscrito» que empleó Herrera, el documento perdido, y la pregunta por la fidelidad de su trascripción; el segundo es el texto autógrafo, encontrado en Manizales, recién editado por Norma Donato (2024), en su propia textualidad, pues contiene una versión temprana, fechada en 1912; y el tercer escollo, pese a la devoción de Rivera por el teatro, es la determinación en vida de no llevarlo a las tablas ni publicarlo. Como respuesta a la negativa del dramaturgo, aunque similares en muchos aspectos, hoy tenemos dos versiones de una obra y este necesario desacuerdo. Textos cercanos, aunque muy distintos, enseñan el posicionamiento de la lógica social burguesa y la tragedia de una familia enfeudada en la urbe. El contraste entre ambas no solo revela diferencias argumentales y estructurales, también permite entender la posición del autor, como buen contemporáneo, frente a las transformaciones de su tiempo, esto es, el lugar de la mujer en la sociedad burguesa y la exigencia de sus derechos civiles. Se reproduce este Juan Gil, principalmente, porque en las ediciones posteriores a 1986 el texto fue mutilado, preferimos creer, por un error de transcripción más que por una intervención o modificación consciente del editor. Según Luis Carlos Herrera, lo copió de «uno de los manuscritos» protegidos con gran afecto por Julia Rivera Salas, hermana menor del poeta, quien le permitió acceder al archivo familiar a finales de los 60. Se reproduce esta versión no solo para actualizar su presentación y preservarla, sino para revitalizar la faceta de Rivera dramaturgo entre las generaciones actuales, un aspecto ignorado, cuando no subvalorado. Validar la acentuación de la época y legitimar el uso de extranjerismos, regionalismos y arcaísmos enmarca la obra en un contexto lingüístico e histórico. Estos vocablos son diferenciados en cursiva tanto en la reproducción del drama como en los artículos de prensa del autor. Los cambios, las adiciones y las enmiendas aparecen entre corchetes ([…]). Después de una lectura comparativa y cohesiva de las diferentes ediciones, unificamos criterios de narrativa dramática, espaciado y estructura, buscando armonizar la diagramación. Aunque se respetó la puntuación y la acentuación de la fuente, suplimos la falta de signos de apertura para preguntar (¿) y exclamar (¡), y algunas comas (,) y puntos (.) de acuerdo con las convenciones vigentes de la lengua. Este Juan Gil se comparó con la publicación parcial de 1971, divulgada en la revista Universitas Humanistica, así como con las ediciones de 1986, 1988, 2009 y 2012. Dado que ha sido publicado en diferentes momentos con alteraciones no justificadas, la comparación sistemática permite reconstruir un texto base sólido y coherente. La selección del texto fuente responde a la edición de referencia de 1974, cuyo cotejo con otras versiones ha permitido identificar correcciones tipográficas, omisiones y posible censura. De este modo, el propósito no es solo fijar el texto más representativo a la manera arqueológica, sino también ofrecer un análisis integral del contexto histórico, literario y editorial en el que se inscribe. La única diferencia entre la edición de 1974 y 1986 radica en la imprenta empleada, sin que haya cambios en el contenido y la diagramación. El Juan Gil de 1988 hace parte de José Eustasio Rivera Obra Literaria (Herrera, 1988). En los cien años del natalicio del autor, el padre Herrera se propuso recoger toda su producción literaria, dejando el drama en segundo lugar, después de Poemas Juveniles y antes de Tierra de Promisión y La Vorágine. Quizá se deba a un descuido, aunque quien desconfía «no peca», la edición de 1988 eliminó un pasaje que sí se reprodujo en el 74 y el 86. El apartado en cuestión es la expresión de Pilar: «Déjame. Sangra, mas no redime», al final de la Escena I, en el Primer Acto. El fragmento extirpado no volvió a integrar las ediciones posteriores, afectando en un análisis de coherencia interna la continuidad de la trama, el desarrollo de Pilar como personaje y, en últimas, el sentido global de la obra. Como puede leerse, la joven hace alegoría a la redención por la sangre de Cristo, negando la idea de la salvación desde la vía del sufrimiento cristiano. Ahora, ¿es justo afirmar que Herrera eliminó dicho parlamento? No hay evidencia que permita afirmar que esta omisión fue una decisión consciente. Es más justo pensar que la eliminación haya sido producto de un descuido en el proceso editorial. Es factible que la fuente del jesuita ya no exista, por ello, de buena fe, reproducimos la versión no mutilada del 74, donde sentó las bases del «Rivera dramaturgo». En 2012 Juan Gil fue publicado de manera independiente con motivo del centenario de su composición. La gesta de retomar la obra y presentarla al lector de la era digital corrió por cuenta de Jader Rivera y Esmir Garcés, quienes confesaron haber usado como fuente la del 88, es decir, una edición cercenada. Además, los autores modificaron la reproducción del texto dramático al suprimir tildes, desconociendo la acentuación de la época y su valor filológico. Con el propósito de actualizar la puntuación, en la didascalia que abre el drama, cambiaron las comas (,) por los dos puntos (:), en una fallida actualización. A pesar de las buenas intenciones, hay que reprochar a la edición centenaria de Altazor haber confundido los parlamentos de Pilar y Mario en el Primer Acto, esto es, haberle hecho decir a Pilar lo que diría el poeta y a este lo que diría la joven (Rivera y Garcés, 2012).

Reconociendo la atractiva diagramación del libro, los numerosos aciertos del prólogo, pues centra el foco en Pilar, y la inclusión de una foto inédita de Rivera, los errores fácticos en la transcripción y algunas decisiones editoriales afectaron considerablemente la publicación, aunque posea doble indulto por ser la primera edición de Juan Gil publicada de manera independiente y la primera en no ser precedida por Herrera. Asimismo, la propuesta incluye dos disertaciones de Rivera sobre dramaturgia. En «La emoción trágica en el teatro» (1913), exige a los dramaturgos latinoamericanos, para la verosimilitud de nuestra literatura y sus personajes, el temperamento ardiente de los españoles y «ejercitar la violencia» a la manera criolla; en la segunda, expresa su admiración por la capacidad de observación de Enrique Ibsen, «el mayor dramaturgo de la época» (1916). El artículo «La emoción trágica en el teatro» fue publicado en el Nuevo Tiempo Literario el 16 de febrero de 1913, un año después del revuelo ocasionado por la lectura de Juan Gil en un salón bogotano. El 5 de marzo de 1916, publicó «Enrique Ibsen» en el suplemento literario de La Patria. El crítico norteamericano Donald McGrady recogió los dos ensayos en un boletín Thesaurus del Instituto Caro y Cuervo, con la intención de redimir «Cuatro prosas olvidadas de José Eustasio Rivera» (McGrady, 1975, pp. 291-317); igualmente acopiadas por Hilda Soledad Pachón Farias, con otros textos del autor escritos entre 1912 y 1928 (Pachón, 1991). Los copiados aquí se toman directamente del Nuevo Tiempo Literario y de La Patria, disponibles en línea en el Fondo Abierto de José Eustasio Rivera del Banco de la República de Colombia. Juan Gil caminó a tientas por más de cien años y, pese a las dificultades, encontró la forma de llegar al lector del presente siglo en dos versiones. A nuestro entender, Rivera compuso una primera versión del drama entre 1906 y 1911, la cual pasó en limpio en 1912, con la intención de compartirla en tertulias bogotanas, y que luego perdería en préstamo en 1916 o en 1918 para viajar a los Llanos Orientales. En 1917, en una entrevista confesó estar escribiendo algunas obras dramáticas, entre ellas, Juan Gil, lo cual ratificaría en 1921, cuando en el interior de Tierra de Promisión señaló que el drama estaba listo para ser publicado. Sin embargo, como sabrá el lector, Rivera nunca lo llevó a la imprenta. En 1927, se vio obligado a responder públicamente, ya que se le instó a presentar «su Juan Gil» en el concurso Teatro Nacional, auspiciado por Camila Quiroga, a lo cual se negaría al final. Este recorrido lleno de vacilaciones, promesas y olvidos configura la historia de una obra que, aunque inconclusa y postergada, resurge hoy como una prueba de la genialidad del escritor y su capacidad para capturar, desde el teatro, el espíritu de una época en el más crudo materialismo y la muerte del ideal. Esta versión de Juan Gil puede considerarse posterior y más elaborada, puesto que la fuente podría remontarse a los años 20. Juan Gil tiene una existencia ininterrumpida que comienza con la elaboración del original de 1912 y continúa por más de diez años hasta la versión rescatada por el jesuita del archivo de las hermanas menores del autor. Este Juan Gil logró sobrevivir al propio Rivera, quien prefirió mantenerlo oculto en un baúl hasta el final de sus días. Asimismo, resistió a la interpretación del cura, quien lo presentó inédito con un estudio que privilegiaba su «dimensión humana y religiosa», y el «método palabra-tema». Resistió a una fallida edición conmemorativa que entorpeció su tránsito en el presente siglo, y a una pandemia que confinó a la humanidad y la llevó a reflexionar sobre su propia ceguera. Juan Gil titubea, pero avanza hacia el siglo venidero en dos versiones, claro está, si esta mezquindad global para enfrentar los problemas actuales, de manera consciente y responsable, no nos conduce primero a la extinción. En definitiva, esta edición busca proporcionarle un lugar merecido en la historia de la gran literatura, entre sus hermanas mayores, Tierra de Promisión y La Vorágine.  

Editorial

Editorial Universidad Surcolombiana - USCO · Colombia

Año de publicación

2026

Idioma

Español