Universidad Autónoma de Aguascalientes
Prácticas de escritura y de lectura en la América Ibérica, siglos XVII al XIX
Prácticas de escritura y de lectura en la América Ibérica, siglos XVII al XIX
Invitados del Seminario del Scriptorium al Obrador
Ana Cecilia Montiel Ontiveros; María Idalia García Aguilar; Yolanda Guzmán Guzmán; Bernarda Urrejola Davanzo; Francisco Burdiles; José Luis Quezada Lara
Universidad Autónoma de Aguascalientes ·México ·2024 ·Español
Impreso ISBN 9786078972777
E-book ISBN 9786078972760
Licencia de minería de texto y datos
Esta publicación no tiene una declaración de licencia TDM (minería de texto y datos) registrada. La editorial titular puede declararla desde su cuenta en SIMEH; quedará publicada aquí con fecha y hora certificadas.
Formatos
| Formato | ISBN | Recordreference | DOI | Año |
|---|---|---|---|---|
| Impreso · ed. 1 | 9786078972777 | SIMEHPRINT47BD8G0124J17C8G3A5I | — | 2024 |
| E-book · ed. 1 | 9786078972760 | SIMEHEBOOK24JF4D835FHJ98G894I6 | 10.33064/UAA/978-607-8972-76-0 | 2024 |
Sobre esta obra
Los escritores de nuestro pasado fueron autores de los libros que circularon durante los siglos en que la América Ibérica se desarrolló bajo la mirada de normas y reglamentos elaborados en Europa. Esos libros fueron acompañantes de la vida cotidiana de todos esos hombres y mujeres que se trasladaron desde el viejo mundo para asentarse en estos territorios, pero también de aquellos naturales nacidos en estas latitudes de mixturas culturales que los definirán a largo plazo y que hoy caracterizan esa diversidad de la América Latina. Hace años que estas dos personas que te ofrecen estas líneas, estimado lector, comparten intereses de investigación y una amistad sólida forjada al calor de nuestras vidas universitarias. En este par de autoras que hoy te hacen esta advertencia antes de entrar a este libro, lector, hay una joven académica en pleno desarrollo y una, no tan joven, que trabaja el último tramo hacia la consolidación de más de dos décadas de trabajo. La joven es historiadora y la más vieja empezó siendo bibliotecaria, pero hoy es aprendiz de historiadora y maestra bruja.
Ese primer contacto interdisciplinario permitió otro atrevimiento que fue la invitación a Ana Cecilia para convertirse formalmente en la segunda capitana a bordo de un espacio académico fundado en la UNAM en el año 2002. En ese momento, diseñamos un seminario de investigación dedicado al estudio de los libros antiguos, al cual invitamos a bibliotecarios, investigadores y profesores que estuvieron trabajando juntos hasta el año 2012. Una década después, el Consejo Interno del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información, decidió sin aviso previo eliminar líneas de investigación relacionadas con el patrimonio documental y la historia del libro. Tal decisión institucional también implicaba el cierre definitivo de nuestro seminario de investigación.
Dos años después, gracias a la lectura de un programa de trabajo del Seminario Interdisciplinar de Estudios sobre Cultura Escrita (SIECE) coordinado por el doctor Antonio Castillo Gómez en la Universidad de Alcalá de Henares, se conoció que en él había una mesa de trabajo denominada “Del Scriptorium al Obrador”. Como puedes ver, amable lector, esa conjunción podría sacarnos de la proscripción para poder volver a la luz pública, por lo que pedimos al doctor Castillo autorización para bautizarnos así a lo que amablemente aceptó. Con este nombre nos presentamos al público en 2014 y a los consejos citados, pero no obtuvimos la autorización oficial sino hasta el año 2017.
En esta historia truculenta y no exenta de naufragios, se tenía la deuda de una edición con los trabajos de algunos invitados. Lo hacemos ahora, quince años después de la primera edición del seminario, compilando los capítulos en los cuales encontrarán numerosos objetos de estudio como impresos, bibliotecas, lectores, inquisidores, lecturas, anotaciones, autores e impresores, de la mano de nuestros invitados y tres miembros de nuestro grupo de trabajo que han aceptado honrarnos con sus reflexiones. Colegas desde todas las fronteras disciplinares y de geografías tan cercanas como Argentina, Brasil y Chile.
Este seminario es un grupo resiliente y combativo porque no sólo comparte un interés de conocimiento, sino un profundo compromiso con las instituciones públicas, especialmente con ese legado bibliográfico que nos preocupa y nos ocupa. Como grupo, e individualmente, hemos trabajado durante años en archivos y bibliotecas, como espacios privilegiados y otros no. Compartimos el compromiso con la responsabilidad social que tenemos para salvaguardar desde nuestro lugar esos objetos patrimoniales que estudiamos. Para nosotros, esos objetos de estudio e instituciones que los conservan son más que accesorios de vanidades intelectuales, una heredad cultural colectiva de la que cada uno de nosotros es responsable para garantizar a las generaciones venideras el gozo del mismo derecho cultural de acceso a tales recursos.
Finalmente, no queda más que reconocer que el legado bibliográfico y documental que heredamos de nuestro pasado indígena, colonial y, decimonónico, es tan grande e inabarcable no por su cantidad, sino por su falta de registro e identificación. Por tal razón, no consideramos que nuestra tarea y nuestros intereses sean impedimento para ningún otro grupo de investigación con intereses similares. Recordemos que ya decía el historiador Ernesto de la Torre Villar, que para hacer frente a semejante tarea necesitamos todos los esfuerzos posibles y que ninguno es innecesario. Ojalá un día este campo de conocimiento se convierta en un espacio de intercambio, más que de batallas innecesarias e incomprensibles.
Ese primer contacto interdisciplinario permitió otro atrevimiento que fue la invitación a Ana Cecilia para convertirse formalmente en la segunda capitana a bordo de un espacio académico fundado en la UNAM en el año 2002. En ese momento, diseñamos un seminario de investigación dedicado al estudio de los libros antiguos, al cual invitamos a bibliotecarios, investigadores y profesores que estuvieron trabajando juntos hasta el año 2012. Una década después, el Consejo Interno del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información, decidió sin aviso previo eliminar líneas de investigación relacionadas con el patrimonio documental y la historia del libro. Tal decisión institucional también implicaba el cierre definitivo de nuestro seminario de investigación.
Dos años después, gracias a la lectura de un programa de trabajo del Seminario Interdisciplinar de Estudios sobre Cultura Escrita (SIECE) coordinado por el doctor Antonio Castillo Gómez en la Universidad de Alcalá de Henares, se conoció que en él había una mesa de trabajo denominada “Del Scriptorium al Obrador”. Como puedes ver, amable lector, esa conjunción podría sacarnos de la proscripción para poder volver a la luz pública, por lo que pedimos al doctor Castillo autorización para bautizarnos así a lo que amablemente aceptó. Con este nombre nos presentamos al público en 2014 y a los consejos citados, pero no obtuvimos la autorización oficial sino hasta el año 2017.
En esta historia truculenta y no exenta de naufragios, se tenía la deuda de una edición con los trabajos de algunos invitados. Lo hacemos ahora, quince años después de la primera edición del seminario, compilando los capítulos en los cuales encontrarán numerosos objetos de estudio como impresos, bibliotecas, lectores, inquisidores, lecturas, anotaciones, autores e impresores, de la mano de nuestros invitados y tres miembros de nuestro grupo de trabajo que han aceptado honrarnos con sus reflexiones. Colegas desde todas las fronteras disciplinares y de geografías tan cercanas como Argentina, Brasil y Chile.
Este seminario es un grupo resiliente y combativo porque no sólo comparte un interés de conocimiento, sino un profundo compromiso con las instituciones públicas, especialmente con ese legado bibliográfico que nos preocupa y nos ocupa. Como grupo, e individualmente, hemos trabajado durante años en archivos y bibliotecas, como espacios privilegiados y otros no. Compartimos el compromiso con la responsabilidad social que tenemos para salvaguardar desde nuestro lugar esos objetos patrimoniales que estudiamos. Para nosotros, esos objetos de estudio e instituciones que los conservan son más que accesorios de vanidades intelectuales, una heredad cultural colectiva de la que cada uno de nosotros es responsable para garantizar a las generaciones venideras el gozo del mismo derecho cultural de acceso a tales recursos.
Finalmente, no queda más que reconocer que el legado bibliográfico y documental que heredamos de nuestro pasado indígena, colonial y, decimonónico, es tan grande e inabarcable no por su cantidad, sino por su falta de registro e identificación. Por tal razón, no consideramos que nuestra tarea y nuestros intereses sean impedimento para ningún otro grupo de investigación con intereses similares. Recordemos que ya decía el historiador Ernesto de la Torre Villar, que para hacer frente a semejante tarea necesitamos todos los esfuerzos posibles y que ninguno es innecesario. Ojalá un día este campo de conocimiento se convierta en un espacio de intercambio, más que de batallas innecesarias e incomprensibles.