← Volver al registro
Portada de Luvina Núm. 120

Luvina Núm. 120

Cosmos

Gabriela Cantú Westendarp; Federico Jiménez; Myriam Estela Moscona Yosifova; Su Tong; Javier Rizo Fernández

Editorial Universidad de Guadalajara ·México ·2025 ·Español

Licencia de minería de texto y datos

Sin declaración

Esta publicación no tiene una declaración de licencia TDM (minería de texto y datos) registrada. La editorial titular puede declararla desde su cuenta en SIMEH; quedará publicada aquí con fecha y hora certificadas.

Formatos

FormatoISBNRecordreferenceDOIAño
Impreso · ed. 1 SIMEHPRINT6196B1JGF962BI0G304E 2025
E-book · ed. 1 SIMEHEBOOKBD198GD0C0C4E10E2EFH 2025

Sobre esta obra

El misterio está en todo lo que nos rodea. Es secreto y oculto. El abismo al que nos empujan las estrellas y los astros, los planetas y asteroides. La Luna, el Sol, el día y la noche. En una palabra, el cosmos, cuya raíz griega significa «orden y estructura». 

En la Antigüedad, la vida cotidiana estaba conectada con los acontecimientos de mayor trascendencia cósmica, a partir de un conocimiento empírico y mágico. Actualmente —gracias a la ciencia— el ser humano ha logrado explorar esos mundos misteriosos, hasta ser consciente de que formamos parte de ese universo que nos inspira vértigo, asombro y éxtasis. Pero además, que surgimos de él y que nuestro destino —los sucesos más básicos y las cosas más triviales— dependen íntimamente de su naturaleza. 

Lo no demostrado no puede existir; sólo se puede considerar como existente después de ser mencionado (Karl Kerényi). Misterio y mito comparten el sentido primigenio de «iniciar en un secreto», «embaucar, fabular». La creación de dioses y sus historias ha sido la primera incursión en la exploración del cosmos, pues sólo se resuelve el ser —como lo explica Agamben— en la unión de ontología y praxis: «lo que el hombre hace y lo que el hombre es entran en una zona de indistinción». 

En el Popol-Vuh, los primeros seres humanos creados dotados de inteligencia consiguieron saber todo lo que hay en el mundo y veían al instante todo lo que estaba a su alrededor. Entonces el Creador tuvo que acortarles la vista para que sólo vieran lo que estaba cerca de ellos y sólo una pequeña parte del rostro de la Tierra. De otra manera, hubieran sido también dioses. Lo que un dios representaba para los griegos quedó expresado en su mito, a través de las palabras y las imágenes. Los mitos son relatos dramáticos — taquigrafía narrativa, les llama Robert Graves— que dan continuidad a los rituales. Pero sobre todo son relatos que han permanecido a través de los tiempos porque encarnan el drama del humano de querer ser eterno, traspasar sus propios límites y volverse dios.

En este número, Luvina publica diversos textos que forman mundos cósmicos, algunos bajo la naturaleza del mito, otros parten de los alcances de la ciencia y otros más desde la particularidad de vidas concretas. Todos bajo la premisa de Borges, para quien «la tarea literaria es misteriosa. Y si no es misteriosa es un mero juego de palabras».

Por otra parte, Luvina celebra los setenta años de Pedro Páramo y los cien años del natalicio de Rosario Castellanos.

Editorial

Editorial Universidad de Guadalajara · México

Año de publicación

2025

Idioma

Español

Acceso abierto

Sí · CC BY-NC-ND