Reflexiones sobre la revolución Norteamericana (1776), la revolución Francesa (1789) y la revolución Hispanoamericana (1810-1830) y sus aportaciones al constitucionalismo moderno
Allan Brewer Carías
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Formatos
| Formato | ISBN | Recordreference | DOI | Año |
|---|---|---|---|---|
| Impreso · ed. 2 | 9789587102017 | SIMEHPRINT6JF74DI449C053EDAC0D | — | 2008 |
| E-book | 9789587104950 | SIMEHEBOOKIF58645CG4E065F0IG89 | — | 2008 |
Sobre esta obra
Este libro estudia los principios fundamentales del constitucionalismo moderno que tuvieron su origen en la revolución Norteamericana (1776) y en la revolución Francesa (1789), y cuyo primer campo de experimentación para la constitución de un nuevo Estado independiente se produjo con motivo de la revolución Hispanoamericana (1810-1830), precisamente en Venezuela y Colombia.Dichos principios se refieren: a la propia existencia de una Constitución como una carta política escrita, rígida y suprema, para organizar el Estado, concebida como emanación de la soberanía popular; al reconocimiento y declaración formal en la Constitución, de los derechos naturales del hombre y de los ciudadanos, fuera del alcance del legislador; a la limitación del deber público para garantizar la libertad de los ciudadanos, mediante la separación de los diversos poderes del Estado; a la formación de los sistemas de gobierno: el presidencial y el parlamentario; a la independencia y autonomía del poder judicial, y la posibilidad para los jueces de controlar la constitucionalidad de las leyes; y, por último, a la organización territorial del Estado, en particular el federalismo y el municipalismo.Dichos principios se refieren: a la propia existencia de una Constitución como una carta política escrita, rígida y suprema, para organizar el Estado, concebida como emanación de la soberanía popular; al reconocimiento y declaración formal en la Constitución, de los derechos naturales del hombre y de los ciudadanos, fuera del alcance del legislador; a la limitación del deber público para garantizar la libertad de los ciudadanos, mediante la separación de los diversos poderes del Estado; a la formación de los sistemas de gobierno: el presidencial y el parlamentario; a la independencia y autonomía del poder judicial, y la posibilidad para los jueces de controlar la constitucionalidad de las leyes; y, por último, a la organización territorial del Estado, en particular el federalismo y el municipalismo.