Movilización y pandemia en Cali
Control estatal y retóricas mediáticas del miedo
José Fernando Sánchez Salcedo
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Formatos
| Formato | ISBN | Recordreference | DOI | Año |
|---|---|---|---|---|
| E-book · ed. 1 | 9786287617575 | SIMEHEBOOK91E5B2HCEADIDB45IDJ8 | 10.25100/peu.781 | 2023 |
Sobre esta obra
Los acontecimientos que se llevaron a cabo la noche del 21 de noviembre de 2019 en Cali, así como las medidas tomadas por la administración municipal para hacer frente a la pandemia en el 2020, constituyen una interesante oportunidad para entender el modo como operan las instituciones, las organizaciones sociales y los individuos para enfrentar eventos emergentes e inesperados.
En ambos eventos converge una retórica del miedo que despliegan varios actores e instituciones, principalmente el Estado y los medios de comunicación con el propósito de definir, explicar e intervenir ambos acontecimientos. En el caso específico del Estado, el miedo se convierte en un instrumento de control y regulación que se manifiesta en el uso de mecanismos de contención, ya sea de la movilización social o de la pandemia. Para ello, introduce una serie de herramientas legales como el toque de queda y el despliegue de la fuerza pública. Suma a estas estrategias, dispositivos simbólicos, para eso se vale del uso de tecnologías (aplicaciones), datos estadísticos, saberes expertos y propaganda, que difunde a partir de sus propios medios y redes sociales o mediante los medios de comunicación.
Los medios de comunicación y las redes sociales, por su parte, parecen haber fungido como catalizadores de ambos eventos, pues recogieron las percepciones de diferentes actores, aunque privilegiando el punto de vista del gobierno, políticos y en el caso de la pandemia, personal de la salud. Sin embargo, tuvieron también una importante función de difusión del miedo, pues saturaron pantallas y redes con discursos muchas veces polarizados, cuya función era, al parecer, impartir temor, con un mismo objetivo en los dos casos: que las personas no se movilizaran, no se movieran de sus casas, por los peligros que esto suponía para la vida de las personas y por el mantenimiento de las instituciones democráticas.
Paradójicamente, a pesar de las estrategias implementadas por el Estado para controlar y regular y de los medios, para divulgar los miedos y las percepciones de actores institucionales y líderes de opinión, en ambos casos fue evidente la debilidad del Estado y de las instituciones mediáticas para enfrentar dichas situaciones y darles una salida adecuada a ambos problemas. Quizás esto sea una muestra más de la pérdida de confianza de los ciudadanos frente a las instituciones y por el ende, el agotamiento de una forma de gobernabilidad sorda y autorreferida que poco confía en los ciudadanos y en su capacidad para enfrentar problemas.