Universidad de Caldas
Los místeres de las minas. Crónica de la colonia europea más grande de Colombia en el sigl...
Los místeres de las minas. Crónica de la colonia europea más grande de Colombia en el siglo XIX, surgida alrededor de las minas de Marmato, Supía y Riosucio
Álvaro Gartner
Universidad de Caldas ·Colombia ·2005
Impreso ISBN 9789588231426
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Formatos
| Formato | ISBN | Recordreference | DOI | Año |
|---|---|---|---|---|
| Impreso | 9789588231426 | SIMEHPRINTLXRRR868SD5ZK8LDD8QN | — | 2005 |
Sobre esta obra
La gran puerta de entrada de los mineros extranjeros a los yacimientos auríferos y argentíferos de Marmato y Supía la abrió la necesidad de financiar la guerra de Independencia. Los gobernantes de la recién creada República de Colombia vieron en esos minerales una fuente de financiación y para obtener préstamos las entregaron en arrendamiento y las vendieron a los ingleses, seculares enemigos del español, siempre dispuestos a prestar dinero para combatirlo. Por esa causa, hacia 1827 el metalurgista francés Juan Bautista Boussingault trajo centenar y medio de mineros oriundos de la localidad inglesa de Cornwalles a trabajar en las minas de Marmato y en las aguas del río Supía. Luego vino más gente de toda clase y condición, desde médicos, ingenieros, capataces y mineros expertos, hasta aprendices e inútiles. Algunos extranjeros se quedaron para siempre, contrajeron matrimonio con nativas o con descendientes de otros místeres y formaron familias. Sólo unos cuantos trajeron esposa. Un buen número de esos mineros murió en estos pueblos y sus tumbas ya están olvidadas. Otros emigraron después en busca de climas más benignos y de condiciones de vida más cómodas, en especial hacia Medellín, tras acumular caudales de diversas magnitudes en las minas. Otros muchos regresaron a sus patrias de origen y los nombres de muchos se perdieron para siempre. Apenas unos cuantos figuran en documentos refundidos. Pero de sus vidas y destinos se ignora casi todo. Esos europeos se comprometieron en diversos grados y circunstancias con el progreso de la región. Algunos extranjeros se quedaron para siempre, contrajeron matrimonio con nativas o con descendientes de otros místeres y formaron familias. Sólo unos cuantos trajeron esposa. Un buen número de esos mineros murió en estos pueblos y sus tumbas ya están olvidadas. Otros emigraron después en busca de climas más benignos y de condiciones de vida más cómodas, en especial hacia Medellín, tras acumular caudales de diversas magnitudes en las minas. Otros muchos regresaron a sus patrias de origen y los nombres de muchos se perdieron para siempre. Apenas unos cuantos figuran en documentos refundidos. Pero de sus vidas y destinos se ignora casi todo. Esos europeos se comprometieron en diversos grados y circunstancias con el progreso de la región.